La logística y los supersoldados
En la ficción hay muchos, Robocop, el soldado de invierno y el propio Capitán América, el soldado universal y todos sus clones, incluido, por qué no, la saga de John Bourne, que es así por cosa de un virus recombinante, o eso me pareció entender.
El caso es que el empeño es siempre crear individuos perfectos para la guerra, unos pocos son suficientes para ganar cualquier batalla. ¿O no?
Las guerras no las ganan individuos, las ganan ejércitos. Los mejores ejércitos no son los que tienen las mejores individualidades. Esa es la forma de hacer la guerra de los germanos y de la edad media, y tiene mucho de mito, los campeones y todo eso. Los mejore ejércitos eran los que tenían al individuo medio mejor entrenado, tácticas de combate coordinadas que hacían a muchos actuar como un solo individuo, a veces como varios individuos, incluso con inteligencia e iniciativa cada uno de ellos.
Esas son las legiones romanas o las falanges hoplitas de Alejandro.
Ningún militar en su sano juicio querría un ejército compuesto por supersoldados estupendos combatientes en solitario pero, como a menudo nos presenta la ficción, incapaces de trabajar en equipo. Y producirlos es caro y acarrea muchos problemas.
Hay múltiples ejemplos, y no solo respecto a los soldados, también a las armas. Hitler tenía los mejores tanques, pero no los más mejores en la relación coste/efectividad. Eran caros, complejos y a menudo frágiles. Cuando funcionaban eran el terror del campo de batalla, pero no era siempre. Los T34, invento ruso que posiblemente aportó a la derrota de los alemanes en la segunda guerra mundial mucho más que cualquier otra arma, era sencillo, barato y fiable. Y había muchos, muchísimos.
De dónde viene ese culto a la individualidad. Al romanticismo y a su exaltación del individualismo. Y a las fantasías adolescentes, el romanticismo es un movimiento que exalta la juventud por encima de cualquier otra cosa. Los superhéroes son fantasías de poder para seres humanos que aún no son adultos, carecen de sus poderes, de perspectiva y seguridad, no han sido aceptados plenamente en la sociedad y por tanto imaginan que en virtud de una fantasía adquieren las potencias que no tienen y vencen así su comprensible inseguridad y pueden hacer cosas. Ese es el ansía humana principal, hacer cosas y que las cosas cuenten. Da igual el nivel, la ambición y la capacidad, hacer cosas en una sociedad, para otros, para ayudarles o no, es lo que nos hace felices.¿Eso es malo? No es malo, en absoluto, es divertido, muy divertido, pensar que el individuo puede enfrentarse solo a la injusticia, al enemigo, a sus miedos y vencerlos. Que no sea cierto no lo hace menos divertido, porque esas disfrutables ficciones no están hechas para pararse a pensar mucho en como funciona el mundo.
Y si las guerras no las ganan los supersoldados ni las superarmas ¿Quién las gana? Como dijo el general Rober H. Barrow (o al menos se le atribuye)
"Los amateurs hablan de táctica pero los profesionales estudian la Logística".
Sí, ese es el secreto, las guerras las gana la logística, esto es, que se disponga a tiempo y en buenas condiciones de soldados, armas y suministros en cantidades mucho mayores que las del enemigo. Digo yo mi frase ahora "Las batallas no las ganan los tanques, las ganan los camiones" y hablando de supersoldados, "las guerras no las ganan los supersoldados, sino soldados normales bien armados y alimentados"
Luego todo lo demás influye, táctica, estrategia, moral, comunicaciones, pero ya es secundario. Sirva como ejemplo de que lo más caro de la guerra es la logística. El otro día me enteré que un galón (3,785 litros) de combustible puesto en Afganistan costaba 550 euros. Un tanque M1 Abrahams, el terror del desierto, consume 14,8 litros de keroseno... por kilómetro. Mover un tanque diez kilómetros cuesta 1.453 euros.
En fin.
Al final las guerras las gana quién más dinero tiene para pagar la mejor logística, o sea, el que más dinero tiene gana.
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