GESTIÓN DE RIESGOS
Los riesgos existen, el universo está lleno de ellos. Los riesgos no son otra cosa más que azar, y el azar gobierna. Pero el universo es puñetero porque hay azar pero también orden.
El ser humano odia el azar. Probablemente porque nuestra supervivencia ha estado sometida a ese terrible amo durante muchos cientos de miles de años (desde que existimos). Toda las religiones, la magia y luego la ciencia ha estado encaminadas a hackear al destino, encontrar ese orden dentro del caos y servirnos de esas reglas para sobrevivir mejor.
¿Cuánto orden? no mucho, porque no hay reglas absolutas. En realidad lo que hacemos es reducir un poco el azar, barajamos probabilidades. Es probable que el rayo no me mate si no me meto debajo de un árbol en una tormenta, pero me puede matar igualmente. No hay seguridades absolutas. El hombre más precavido del mundo puede morir por una improbabilísima tontería (como que te caiga un meteorito en la cabeza, que por cierto, es del mismo orden de la probabilidad de que te toque la lotería primitiva)
Manejamos riesgos manejando probabilidades. Es más probable que me mate si tengo un accidente en moto que en coche. (hasta 16 veces más probable). Es más probable que no llegue a viejo si me bebo una botella de Jack's Daniels al día que si no lo hago (eso sí, me va a importar todo un carajo, supongo).
El problema viene de cómo calculamos esas probabilidades, esos riesgos. En la mayor parte de los decisiones lo hacemos de forma intuitiva cada vez que tomamos una decisión. No hay otra. De otro modo no podríamos ni levantarnos de la cama. Y lo calculamos basándonos en lo que se llama un modelo del mundo, uno mental que todos desarrollamos según crecemos, vivimos y nos formamos e informamos.
Para comprar el pan no hace falta un modelo muy complejo, sabor, textura, gustos, experiencias previas. Todo el mundo sabe comprar pan.
Cuando las decisiones son complejas, los modelos también lo son. Adquirir un modelo eficaz no es cosa de poner un rato a pensar. Pensemos en la decisiones de ingeniería a la hora de planificar y construir un puente. Se necesita alguien (normalmente muchos alguienes especializados) que dediquen su vida profesional a formarse un modelo eficaz. Delegamos la construcción de puentes a esos expertos y los llamamos Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Ni siquiera les dejamos hacer puentes tras su primera formación académica. Años de experiencia ayudando a otros a hacer puentes les permiten aprender ese modelo y usarlo con eficacia (nunca absoluta, pero abrumadoramente mejor que la de uno que no se lo haya currado tanto)
Incluso la ley sanciona este sistema, otorgando esa capacidad solo cuando tienes la formación adecuada y sigues unas leyes especiales que garanticen que el puente no se caerá.
Nadie, en su sano juicio se plantea que pueda tomar las decisiones correctas sobre qué vigas, con que grosor y qué forma deberán formar parte de un puente.
Entonces ¿Alguien me puede explicar por qué hay gente que no se fía de los expertos a la hora de decidir si vacunarse o no?
No lo entiendo. O sí y es casi peor.
Actualización: es lo que tiene reflexionar sobre las cosas. Se me ha ocurrido que el problema en realidad es un metaproblema. Se aprende a aprender. Se aprende a crear modelos del mundo precisos. La perturbadora idea que me domina es:
¿Y dónde se aprende eso? Muy pronto. No soy experto pero creo que con cinco años ya está todo muy solidificado.
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