El ruido y la furia

Parece que el ruido y la furia son atributos de la modernidad (aquí, en este pueblo, somos muy de Faulkner). En realidad siempre lo han sido. No hay época en la que sus habitantes no se quejen de que el ruido no les deja ocuparse de lo importante. Sin embargo el ruido es necesario, la actividad, cierta cantidad de movimiento por defecto que nos descoloque y nos saque de la calma, o lo que es lo mismo, del inmovilismo. 

¿Por qué le dedico una entrada al ruido y la furia?, porque comienza el curso escolar, se acaba el verano y comienza el ruido y la furia de la vida cotidiana y, todo hay que decirlo, lo echaba de menos. Los escritores somos animales de costumbres, solo así se pueden construir ficciones de tamaños considerables, con esos tiempos dedicados a horas fijas a la creación. 

Al menos yo soy así. 

Hay otros escritores que solo sobreviven en ambientes cargados, en cafeterías, bibliotecas públicas, incluso en el metro. Yo necesito un espacio en sombras, preferiblemente por la noche, y siempre disponible más o menos a la misma hora. 

Ahora que reiniciaré mi actividad (temblad, no me he rendido) sé que los primeros días apenas lograré encontrar cuatro o cinco frases con significado, que seguramente desecharé. Iré cogiendo de nuevo la costumbre y supongo que podré construir, de nuevo, un relato. 

Ahora solo me queda elegir a qué dedicaré mis esfuerzos:

  • Danza de tinieblas 4 (que sería la segunda cronológicamente detrás de Danza de Tinieblas )
  • Un fixup de cf espacial tirando a hard. 
  • Una excursión en el humor, que siempre me ha parecido un desafío notable. 
Ya iré informando. 


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