Scrivener, la herramienta definitiva

Cualquiera que haya manejado el word con pretensiones de crear textos medianamente complejos, habrá descubierto, por la vía dura, lo que es el dolor. No solo le sucede a ese procesador de texto, aunque en el Word en concreto es como una pesadilla puesta en bits, es algo común a unas herramientas, los procesadores, que lo único que hacen en reproducir la función de una máquina de escribir, añadiendo alguna facilidad, poca, más.
Algo así decía Charles Stross en su blog hace poco, aunque con un poco más de pasión.
Crear una novela o un manual, un libro de historia, una tesis, es algo más. Se trata de manejar un montón de información, textos relacionados unos con otros, referencias, información, personajes, escenas, sinopsis, estructura, etc. Los ordenadores, como han demostrado más de una vez, fracasan cuando trasladan las concepciones del mundo analógico, sin más, a un formato electrónico. Es una nueva forma de ver el mundo que cambia todo lo que toca. Lo más complicado no es aprender a manejar un programa, sino el cambio cultural. Me explico: dejar de identificar el papel con el que se trabajaba con las máquinas de escribir, con el papel virtual que se ve en la pantalla es un salto conceptual nada sencillo. Mucha gente no lo ha dado ni lo hará. Y no saben lo que se pierden.
Hace algún tiempo, decidí explorar algún programa de ayuda a la escritura, más que harto de usar word, pages y demás procesadores de texto que no me ofrecían facilidad alguna. Estuve explorando y decidí comprar y usar (o en el orden contrario, ya no me acuerdo) Story Mill.
MarinerStorymill
Story Mill es un programa sencillo, con una curva de aprendizaje muy suave que te lleva desde el procesador de textos a una herramienta más compleja y completa. Añade un control de capítulos/ partes, seguimiento de productividad con un contador de palabras por sesión, manejo de etiquetas, personajes y referencias bastante cómodas. Es 100% Mac y se nota.
Y estaba yo tan contento con esa sencillez, que vale un dinerito, no os vayáis a creer, cuando un bug, que la empresa de software se negó a corregir, comenzó a convertir capítulos completos de una novela en una mezcla de frases y palabras ininteligible. Me acordé de la madre de los programadores y, sobre todo, de la empresa y, después de que tuviera que reescribir media docena de capítulos para reparar los desaguisados del citado software, no me quedó más remedio, con todo el dolor de mi corazón y bolsillo, que emigrar.
La única opción viable era escalar el conflicto, pasar a una herramienta aún más completa y compleja, jugar en las grandes ligas. Y me autoregalé el Scrivener. Contempladlo en toda su mismidad.
Scrivener
Y sí es complejo. Añade a las capacidades de Story Mill un millón de cosas más. La complejidad puede ser un problema antes que una ventaja. No necesitaba más opciones que las que me daba el Story Mill, pero ya puestos... y la verdad es que Scrivener pasó la prueba. Es un software bien concebido, que hace su trabajo con solvencia y con una capacidad de crecimiento asombrosa ¿Qué quieres escribir un cuentecillo de diez páginas?, no hay problema ¿Qué quieres hacer una heptalogía con mapas, glosarios, guías de personajes, historias de referencia y mil millones de fotos? tampoco hay problema. Como tampoco parece haberlo para adaptar Scrivener a la producción de guiones de todo tipo, tesis doctorales, informes, manuales, casi cualquier cosa.
Para que os hagáis una idea de la potencia del software, permite que los contenidos introducidos y filtrados del modo que se quiera, obtengan una salida en veinte formatos diferentes, entre los que se encuentran el ebook (formato epub o mobi) directamente, incluyendo portadas y tablas de contenido.
¿Qué tiene de malo? la curva de aprendizaje, bastante abrupta, y la estética, que era claramente superior en el Story Mill, con controles menos integrados, más flotantes y configurables.
Creo que con el cambio he salido ganando, ya me voy enterando de muchas funcionalidad y les voy dando uso. Supongo que con el tiempo tendré una versión de Scrivener completamente personalizada de la cual no me separará nadie más que arrancándola de mis frías y yertas manos. Aún así, hay días en que hecho de menos al Story Mill y su inmediatez de cuatro funcionalidades, justo las que necesito para ponerme a escribir sin pensar mucho en ello.
Está claro que nunca estamos a gusto.

 

Comentarios

  1. Víctor M. Ánchel9 de agosto de 2014, 8:39

    Yo pasé por Storymill, Ulysses (2) y Storyist (por aquello de que puede usarse en el iPad). En algún momento del camino compré Scrivener pero me abrumó de tal forma que lo dejé aparcado.
    Hasta que los otros programas, por un motivo u otro, acabaron por revelar aspectos oscuros que no acababan de gustarme: era como si otro escritor se empeñara en que yo hiciera las cosas a su manera. Como si me obligasen a usar el ordenador de otro, la mesa de otro y la silla de otro. Funcionar funcionan, y muy bien, y aunque estoy dispuesto a aprender no lo estoy tanto a "cambiar".
    Así que tras leer mucho y muy bueno acerca de Scrivener me sumergí dentro sin flotador: cogí una novela vieja que tenía medio empezada y abandonada y me obligué a acabarla usándola como terreno de pruebas. Y funcionó, porque ahí es donde este programa supera a los otros: te permite construirte tu propio entorno sea lo extraño o particular que sea.
    A día de hoy, excepto para escribir las notas de la compra uso scrivener para todo.

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