Nadie sabe nada
Ayer, en medio de una animada tertulia con muy buenos amigos, me volvió a asaltar la seguridad. Más bien la inseguridad. O la seguridad de la inseguridad. Me explico: La cosa es que nadie parece tener una fórmula mágica, la receta perfecta para saber qué escribir, qué publicar para ganar el favor del público, qué género, temática, forma literaria, estilo o personalidad pública cultivar para que los dioses de la fortuna editorial te sonrían.
Las ventas se desploman. Es la piratería, dicen algunos, mientras en Francia (donde apenas existe ese fenómeno) las ventas han bajado igual. El modelo está obsoleto, se ha pinchado la burbuja editorial; mientras los nuevos formatos electrónicos parece que no terminan de cuajar. La lectura se ha terminado, ahora solo queda lo audiovisual, los videojuegos y las series, dicen los mismos apocalípticos que han vaticinado tantas veces la muerte de la cultura escrita.
Cuando hablamos de estas cosas, termino siempre acordándome de una cita que aparece en el estupendo libro de William Goldman (sí, el de La princesa prometida) Aventuras de un guionista en Hollywood. En uno de sus capítulos, William termina diciendo que la única verdad que puede enunciar sobre Hollywood es que nadie sabe nada. Nadie sabe por qué una película que estaba destinada a ser una serie B tontorrona, hecha con prisas y con un guión a medio cocer, terminó siendo Casablanca; ni por qué cosas con mucha pasta y medios, como Casino Royale, terminaron siendo un bodrio. (Esos ejemplos son míos, no de Goldman).
Igual en literatura, nadie sabe nada. Teorías hay una por cada teórico, o más, pero certezas pocas. Yo tengo las mías, que voy a listar para no ser menos:
-Primero: para que un libro venda mucho, pero mucho mucho, tiene que cumplir una condición esencial: estar escrito para gente que no lee mucho, que son los que más hay. Valen libros con varios niveles de lectura, pero el imprescindible es el sencillito, que no por ello peor ni mejor.
-Segundo: los temas novedosos lo son o demasiado o demasiado poco. Siempre hay un tema de moda, aunque es siempre inalcanzable. Si escribes algo realmente original y molón, nadie te lo publicará porque no está aún de moda y eso de arriesgar no va con el mercado actual. Si escribes algo a remolque de un tema famoso, mejor que sea por encargo, porque cuando lo termines seguro que la moda ya ha pasado. Por tanto, y volvamos a otra cita de un famoso, es mejor ser fiel a tus obsesiones, como decía J.G. Ballard. Al menos tienes la posibilidad, como los relojes parados, de acertar alguna vez.
-Tercero: huye como la peste de saber si lo que escribes es arte, industria o una mezcla de las dos cosas.
No es relevante. Tampoco el género, al que le pasa un poco como con las temáticas. Da igual, las fronteras son fluidas, anchas, borrosas. Todo el mundo parece saber lo que es arte y artesanía, ciencia ficción, prospectiva, utopía, distopia, zombies o porno, pero no es cierto, las certezas son territorios borrosos y en las fronteras hay una niebla densísima donde se pierde uno con mucha facilidad.
Qué conclusión saco después de tanta cháchara. Ninguna. Apenas que el oficio de escribir se parece más a una vocación mística que a una económica. Tiene ahí sus virtudes y sus pecados. Aunque no se venda, aunque nadie te lea, los que escribimos seguiremos escribiendo para seguir siendo la parte más débil y esclava de la cadena que logra llevar ideas, sensaciones, argumentos y personajes de la mente del escritor hasta la del lector. Que el ser humano disfruta de las historias, es algo indiscutible. Seguirá habiendo quien las cuente y quien las escuche aun cuando no queden editoriales, industria y casi civilización.
Las ventas se desploman. Es la piratería, dicen algunos, mientras en Francia (donde apenas existe ese fenómeno) las ventas han bajado igual. El modelo está obsoleto, se ha pinchado la burbuja editorial; mientras los nuevos formatos electrónicos parece que no terminan de cuajar. La lectura se ha terminado, ahora solo queda lo audiovisual, los videojuegos y las series, dicen los mismos apocalípticos que han vaticinado tantas veces la muerte de la cultura escrita.
Cuando hablamos de estas cosas, termino siempre acordándome de una cita que aparece en el estupendo libro de William Goldman (sí, el de La princesa prometida) Aventuras de un guionista en Hollywood. En uno de sus capítulos, William termina diciendo que la única verdad que puede enunciar sobre Hollywood es que nadie sabe nada. Nadie sabe por qué una película que estaba destinada a ser una serie B tontorrona, hecha con prisas y con un guión a medio cocer, terminó siendo Casablanca; ni por qué cosas con mucha pasta y medios, como Casino Royale, terminaron siendo un bodrio. (Esos ejemplos son míos, no de Goldman).
Igual en literatura, nadie sabe nada. Teorías hay una por cada teórico, o más, pero certezas pocas. Yo tengo las mías, que voy a listar para no ser menos:
-Primero: para que un libro venda mucho, pero mucho mucho, tiene que cumplir una condición esencial: estar escrito para gente que no lee mucho, que son los que más hay. Valen libros con varios niveles de lectura, pero el imprescindible es el sencillito, que no por ello peor ni mejor.

-Segundo: los temas novedosos lo son o demasiado o demasiado poco. Siempre hay un tema de moda, aunque es siempre inalcanzable. Si escribes algo realmente original y molón, nadie te lo publicará porque no está aún de moda y eso de arriesgar no va con el mercado actual. Si escribes algo a remolque de un tema famoso, mejor que sea por encargo, porque cuando lo termines seguro que la moda ya ha pasado. Por tanto, y volvamos a otra cita de un famoso, es mejor ser fiel a tus obsesiones, como decía J.G. Ballard. Al menos tienes la posibilidad, como los relojes parados, de acertar alguna vez.
-Tercero: huye como la peste de saber si lo que escribes es arte, industria o una mezcla de las dos cosas.
No es relevante. Tampoco el género, al que le pasa un poco como con las temáticas. Da igual, las fronteras son fluidas, anchas, borrosas. Todo el mundo parece saber lo que es arte y artesanía, ciencia ficción, prospectiva, utopía, distopia, zombies o porno, pero no es cierto, las certezas son territorios borrosos y en las fronteras hay una niebla densísima donde se pierde uno con mucha facilidad.
Qué conclusión saco después de tanta cháchara. Ninguna. Apenas que el oficio de escribir se parece más a una vocación mística que a una económica. Tiene ahí sus virtudes y sus pecados. Aunque no se venda, aunque nadie te lea, los que escribimos seguiremos escribiendo para seguir siendo la parte más débil y esclava de la cadena que logra llevar ideas, sensaciones, argumentos y personajes de la mente del escritor hasta la del lector. Que el ser humano disfruta de las historias, es algo indiscutible. Seguirá habiendo quien las cuente y quien las escuche aun cuando no queden editoriales, industria y casi civilización.
La literatura es mucho más antigua que la cosa editorial. Ergo puede sobrevivir sin ella
ResponderEliminarLa tertulia tenía que haberte animado a escribir, no a escribir sobre escribir :)
ResponderEliminarPero para escribir, primero hay que animarse a escribir. Para eso nada mejor que desbarrar un rato :). Ahora que lo pienso, ¿desbarrar tiene que ver que barra de bar?
ResponderEliminarEntiendo el deseo de publicar de los escritores, pero no entiendo esa obsesión. La escritura, en mi opinión, tiene como objetivo la lectura, no la publicación. Que la gente lea lo que has escrito es satisfactorio; que la gente pague por leer lo que has escrito es sólo una deformación capitalista.
ResponderEliminarSoy el primero en reconocer la importancia de un editor, pero los criterios editoriales han cambiado muchos en estos años. Quedan pocos editores que editen lo que les gusta y cada vez más hay editores que publican lo que creen que les va a dar dinero. Yo prefiero no leer nada de esos editores y prefiero que los escritores escriban para que les lean, no para que les publiquen.
El problema es cuando los medios de distribución del producto legible están en manos de un sistema capitalista. Eso cada vez es menos así gracias a internet, pero aún supone una seria limitación. Otra cuestión es la de si es deseable ser un escritor full-time, ¿si puedes vivir de ello mejorarás en tu arte al dedicarle todos tus esfuerzos? ¿o por el contrario empeorarás, al tener que servir a un mercado que quizá te fuerce a una producción determinada?
ResponderEliminarSon cuestiones que no sé responder.
Muy acertado. No hay mercado, sólo lectores y escritores. Si conectan, se le lee, si no, pues a la pila de escritores olvidados. Es así.
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