Estructura o no estructura

Curiosamente son 50 páginas, 15000 palabras, las que me dejan el fuelle suficiente como para escribirlas de tirón, sin pensar en nada más que en dejarme llevar. Pasada esa distancia... necesitas una estructura de la cual colgar la historia. Es como un animal sin esqueleto, solo es viable hasta cierto tamaño, luego la masa muscular necesita un anclaje para no quedarse fofa.
Escribir cuentos con la estructura ya incorporada en la primera pensada es posible. También hacerlos muy pensados y meditados. Volvemos a la vieja dicotomía del escritor de brújula y de mapa. El inventor de la metáfora, Javier Marías, hace una estupenda novela, Negra espalda del tiempo, que podría decirse de estructura episódica, o laxa, pensada así, si no fuera porque toda su narrativa es así, un fluir constante que recuerda la oralidad maravillosa de Cortázar. Es un escritor de Brújula, que navega por aguas desconocidas en busca de una meta, un fin para su obra. De entre los otros muchos escritores de brújula, Murakami, cuyo concepto no de la literatura sino del esfuerzo literario, es el de la maratón, a la que es aficionado. Resistencia y sufrimiento consciente, tenacidad inacabable.
Lo más curioso es que hay otro escritor de brújula al que nunca lo hubiera considerado así, y una novela que es, estructuralmente, perfecta, Solaris, y según Lem fue concebida de un tirón. En palabras del genio polaco, cuando el protagonista sube a la estación Solaris, el propio escritor no sabe porque suceden las cosas que están sucediendo. Eso es maravilloso y un ejemplo que da valor a la búsqueda que hacemos los escritores de brújula en esas primeras cincuenta páginas de azar y desespero (al final). Solaris es un prodigio de inventiva, de frescura y, a la vez, es una novela atrayente, que engancha al lector y no lo suelta, planteándole dilema tras dilema, haciendo que el sentido de la maravilla no se agote hasta la última página.
Resumiendo, todo esto viene a que estoy intentando aprender a estructurar una narración. Lo que hay por ahí es manuales de escritura artesanal, técnica, orientados a crear obras muy prototípicas, sota, caballo y rey. Al contrario de lo que podría parecer, son herramientas necesarias, muy necesarias. Como dijo Picasso no se puede pintar como un niño hay que aprender a pintar como un maestro. La ficción tiene, a mi parecer, un objetivo: contentar a ese niño que tenemos todos dentro al que le apasiona que le cuenten historias. Supongo que usando técnicas de antropología evolutiva se podría saber de dónde viene esa pasión por la ficción. Aventuro que de la necesidad de usar simuladores sociales, vivir situaciones estresantes, terribles, desafiantes, antes de que sucedan en la vida real. Gracias a los avances en neuropsicología sabemos que las ficción se vive en el cerebro como algo real, que se recrean conexiones sinápticas similares en todo (quizá no en intensidad) a las que se establecen en situaciones reales, no imaginadas. Se aprende a vivir escuchando, leyendo historias y se disfruta de ellas porque son necesarias.
Probablemente los huesos de la ficción sean caminos genéticos. Volviendo a la antropología, es posible que en todos los pueblos las historias tengan cosas en común. Apuesto a que en esos huesos se encuentra las bases de las mejores estructuras literarias. No hablo de los descubrimientos de este o aquel periodo intelectual; no me refiero a que ahora es primera persona, luego es tercera y después segunda. Estoy hablando de que queremos saber lo que sucede al final de una historia y, además, pasárnoslo bien hasta que llegamos a la última página.
Acabo ya. Estructura sí, como sea, es necesaria.
Sobre lo de escribir novelas de un tirón leí hace poco una interesantísima entrevista con Zoran Zivkovic. Lo que cuenta sobre su proceso de escritura me parece realmente increíble y creo que te puede interesar, colateralmente, a raíz de lo que cuentas en el post. Se puede encontrar en el número 4 de International Speculative Fiction, que es gratuito.
ResponderEliminarMe lo he bajado y he leido alguna parte a vuelapluma. Increíble lo del Zivkovic, desde luego.
ResponderEliminar