El poder de la palabra

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Se me había olvidado por qué o para qué escribía. El otro día, leyendo un texto ajeno, me volví a acordar. Fue como mirarse a un espejo, solo que esta vez yo estaba al otro lado, en el del lector, y experimentaba lo que había intentado escribiendo.
Leer y escribir, al final, son dos caras de la misma moneda y somos escritores y lectores ambos de los mismos textos que surgen sabe Ctulhu de dónde.



 

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