Sobreviví a la Navidad un año más

Deprimente ¿no?
¿Qué mejor época para montar una fiesta especial, con su dador de regalos mágico, con sus cenas y comidas especiales, con canciones, rememoración del pasado, reuniones de familia, buenos deseos, sonrisas de los niños, música? la Navidad es una vacuna contra el suicidio por depresión invernal. Tiene mucho de alegría forzada, de sonrisa obligada. Lo curioso es que funciona, que a base de verse obligado a sentirse feliz, se es feliz, aunque sea solo durante un rato.
Lo fascinante es que la navidad puede actuar al contrario. Si uno tiene una pena profunda, un recuerdo traumático, una ausencia desoladora, la Navidad, por contraste, le va a machacar a uno hasta dejarlo hecho un cuento de Andersen, una cerillera congelada en una calle de Copenhagen
Y no se pasa mal del todo siempre que uno asuma el engaño y se deje llevar por la magia estúpida de una celebración comunitaria, social, familiar, siempre que tenga un niño cerca para poder asomarse a sus ojos. Ellos no entienden de otra cosa mas que del momento y si el momento es mágico, aun autoimpuesto, lo será y la Navidad será para ellos mágica, un momento especial, una sensación que durará toda la vida y que transmitirán a sus hijos, se hayan ido a vivir al trópico dónde nunca nieva o a la antartida, con nieve hasta los sobacos todo el año.
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