OSTFRONT

En la introducción me ví asaltado una y otra vez por la tentación de dejarme llevar por la fascinación del Doctor Shiva antes que por su texto, labor que no puede obviar un prologista. Si le conoceís alguna vez, entendereís por qué. Es un viejo junker de más de noventa y cinco años, calvo, con la piel arrugada y llena de pecas, con ojos oscuros y afilados como agujas y cuerpo enjuto y vivaz, que parece haber vivido varias vidas, cada una dedicada a las más fascinantes profesiones: arqueólogo, erudito en literatura medieval, hebreista, mercenario, contrabandista, quizá espía o diplomático, médico, psiquiatra experimental, orientalista, etc.
Santi y Joserra ya lo habían visitado en su piso cerca del Retiro, una finca antigua y que, a parecer, no tiene otros vecinos que él mismo. A mi me invitaron una tarde a tomar café y pastas. Los dulces son uno de los vicios del doctor, concretamente las perrunillas de extremadura que consume compulsivamente en ausencia de prevención por su edad ni nada por el estilo, mientras se toma copas de snapss y no deja de hablar y mover las manos.
El libro está disponible en Amazon, en electrónico, y es de lectura muy entretenida. En cuanto a la verosimilitud de lo que se cuenta, bueno, según el doctor es todo cierto, ciertísimo. Yo no diré otra cosa, tan solo que quizá está algo adornado, pero que bajo la literatura se notan los fuertes huesos de la veracidad.
Si lo leen no se arrepentirán.
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