
Dada la época que vivimos, más que interesante, apasionante, me planteo si debo escribir para reflejar este lento hundimiento moral, estético y, sobre todo, económico, que vivimos. Tiempos interesantes decía el aforismo chino, para leerlos en un libro de historia mientras vives en tiempos aburridos y felices. Por otra parte... ¿cuando ha habido una arcadia dorada? nunca, igual que la felicidad es un sentimiento a posteriori, la prosperidad histórica, las épocas doradas solo lo son en un revival de la memoria. Ejemplo más reciente, el pelotazo. Eran tiempos de mucha tensión, la carrera social de las ratas humanas era desaforada, un piso más grande, un chalet, un coche, una moto, un todoterreno. Ahora parece que corremos en dirección contraria. Corremos en cualquier caso. Esa es la constante, el movimiento, la adaptación al cambio, la agilidad mental y social guardando tan solo los valores que de verdad importan: solidaridad, justicia, universalidad de los seres humanos.
Puedo escribir sobre todo eso. No conscientemente, al menos. No puedo sentarme a la tecla y decir: voy a sentar la esencia de nuestro tiempo en palabras, personajes, una ficción que será reflejo de nuestro tiempo. Receta para el fracaso: creerse capaz de la trascendencia. Los escritores escribimos, lo demás viene después, si viene.
Con mucha suerte, la salsa histórica en la que todos nos cocemos terminará por permearme y, quizá, en un relato situado en un remoto rincón de nuestra galaxia, habitada por extraterrestres del todo diferentes a nosotros, aparecerá una referencia al caos que vivimos en forma de una historia que al lector, ese ente multiforme e inasible, le emocione y le haga pensar.
No hay otra manera, creo yo.
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