Indignaos

[caption id="attachment_169" align="alignleft" width="300" caption="No lo esperaban, aprovechémoslo. "]Acampada Sol[/caption]

Hola, me llamo Eduardo, soy Ingeniero Técnico Aeronáutico, funcionario y, a ratos, escritor. Tengo una hipoteca, una pareja maravillosa, y más frentes abiertos de los que soy capaz de manejar. Vivo en España, en  un mundo dónde la lucha de clases ya terminó. Por si no lo sabían, los modestos, los pobres, los que, como yo, estamos lejos de los resortes del poder, somos los perdedores. Perdimos la batalla por el control de los recursos de nuestro país, los que eran herencia de todos; perdimos la batalla de la dignidad laboral, otra herencia ganada con mucha sangre y mucho sufrimiento; perdimos la batalla por la ética y la responsabilidad, defectos de carácter con los que nuestros padres nos educaron sin saber que nos hacían esclavos de los irresponsables, de los que no tienen ni principios ni escrúpulos. Y sin embargo, derrotados,  nos negamos a incorporarnos a las filas de esos que se dicen neoliberales, partidarios a muerte de unos mercados crueles, ineficaces y destructivos, defensores de un regresión a la edad de piedra pasando por todos los estados políticos intermedios: del estado social a la dictadura del capitalismo, al neofeudalismo global, luego a un erial y después, si queda alguien para entonces, nos convertiremos en bandas de cazadores recolectores rapiñando las migajas que queden tras la orgía de disolución a la que estamos siendo abocados.

Indignación es lo único que nos queda. No sabemos si es posible desmontar la sólida estructura de privilegios que nos aísla del poder real y maneja los recursos hasta tal punto de hacernos pagar una crisis de la que no somos culpables, que impide la innonvación, la creatividad, tan necesaria en este país atrasado, que favorece los oligopolios y frena las iniciativas de futuro por no molestar a los que detentan el poder real, esos que no salen en la papeleta de voto pero que, al fin, toman las decisiones aquí, en europa y en el mundo.

Solo nos queda indignación y resistencia, que sepan que podrán dominarnos pero no engañarnos, ya no, no por más tiempo. Que nuestra indignación alimente el deseo de ver la realidad tal y como es, en su auténtica crudeza desnuda, lejos de las versiones oficiales que los medios de comunicación vocean de continuo.

Sabed que tenemos pocas armas pero somos muchos. Seamos inteligentes, seamos solidarios, fuera vendas, que los tuertos enseñen a ver a los ciegos y que tiemblen  los que  siempre han visto muy bien como beneficiarse del esfuerzo y el trabajo de los demás.

El tiempo de la indignación ha llegado. En otros mayos de nuestra historia, la indignación derivó en ira destructiva, que esta vez construya futuro.

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